Fortalecer la Inmunidad Emocional

Estamos habituados -y aún más en tiempos de pandemia- a escuchar términos como inmunidad o sistema inmunológico.

Si bien este concepto está referido al campo de lo biológico, podríamos definirlo de modo general como la capacidad de nuestro organismo para defenderse de cualquier amenaza interna o externa: es por tanto no solamente posible, sino también pragmático y necesario hablar de inmunidad psicológica e inmunidad emocional como forma de prepararnos y mejorar nuestra capacidad para afrontar los desafíos del día a día, en la esfera personal, en la construcción de nuestro perfil educativo, laboral, en nuestra dinámica en el trabajo, en nuestras relaciones interpersonales -de pareja, de crianza, amistades o familia-, en nuestra interacción comunitaria y social, y hasta en nuestra búsqueda de sentido vital y nuestra espiritualidad.

TED e inmunidad emocional

Al comprender, desde la teoría emocional dinámica -TED (Stefani, 2021), que el comportamiento está basado en la esfera emocional -aquello que sentimos-, que se articula con la esfera cognitiva -aquello que pensamos- y se acciona a partir de la esfera conductual -aquello que hacemos-, sabemos que la forma en que operamos emocionalmente va a determinar nuestro bienestar psicológico.

Una de las evidencias de lo fundamental que resulta la vida emocional para nuestra salud mental la tenemos en la teoría del apego. Es un hecho científico que una insatisfactoria vinculación emocional temprana -visible en las relaciones de apego inseguro- son predictivas de dificultades no solo en el desarrollo intelectual, sino especialmente en la construcción de relaciones interpersonales emocionales eficaces posteriores, en la juventud y adultez.

Una correspondencia entre la inmunidad emocional y la biológica viene dada por la generación en ambas del aprendizaje entre el agente y el huésped a partir de la experiencia de esta interacción.

Cuando venimos al mundo, nuestro yo (huésped) se encuentra a merced de multitud de estímulos y exigencias que funcionan como agentes excitadores, tanto internos, como las sensaciones de hambre o frío, como externas, el ruido, los olores o el contacto. Todas estas sensaciones se organizan a través de la atención que los cuidadores le dan (en psicología también les llamamos figura de apego).

En etapas tempranas, nuestro psiquismo considera a quienes nos dan cuidado como meros «objetos», es decir, que las ponemos en relación con las necesidades propias: los demás existen o bien para satisfacer nuestros deseos -inicialmente relacionados con la supervivencia-, o bien como obstáculos para la consecución de esos objetivos. De hecho, muchas personas quedan fijadas sin poder desarrollar posteriores etapas de la construcción emocional, características de las personalidades narcisistas (apego neuroticamente) e incluso psicopáticas.

Incluimos un breve paréntesis para diferenciar entre neurosis, psicosis y psicopatía.

El neurótico tiene siempre un registro de la realidad, pero «sobre reacciona» a la misma.

La neurosis tiene diferentes grados de gravedad que va a estar determinada por «cuánta» realidad somos capaces de gestionar. El psicótico, en cambio, construye una realidad «paralela» que vive como real ya que la que tiene es demasiado dolorosa para sí mismo. Finalmente, el psicópata percibe la realidad, pero la ignora por estar patológicamente centrado en su propia necesidad.

De hecho, cómo establecemos nuestra personalidad neurótica, está estrechamente vinculada a nuestro primer ejercicio o campo de práctica de interacción en la infancia, el cual tiene una fuerte acentuación primordial en el yo y la proyección de todas sus necesidades materiales y en seguida, también afectivas. Poco a poco, y con dificultades en el camino, vamos incorporando una visión más totalizante de quien nos cuida, y desde ese vínculo primario, con otras personas y objetos del mundo que nos rodea.

Cuando la comunicación entre el agente y el huésped, o entre nuestro psiquismo y los objetos y personas del mundo exterior se produce, se genera un aprendizaje a partir de la experiencia. Este aprendizaje condensa mucha información, pero de todo ese cúmulo de datos, lo que registramos y almacenamos es esencialmente, información emocional. La asociación entre eso que sucede y mi percepción emotiva va a construir una red interna perdurable que iremos expandiendo y asociando con nuevas situaciones futuras.

Bowlby refiere un modelo de representación mental –Internal working model- que utiliza la información previa del apego en futuras relaciones. Pichon-Rivière, por su parte, plantea la conformación de un esquema conceptual referencial operativo o ECRO del que se sirve el psiquismo para categorizar nuevas situaciones. No importa desde qué teoría psicológica abordemos este fenómeno, lo que sí podemos decir es que todo registro previo (significativo) va a ser utilizado, operativizado en la situación actual, por lo que proponemos la siguiente fórmula:

¿A qué llamamos inmunidad emocional?

Es la capacidad de comprender o resolver una situación que activa la red emocional interna de un modo altamente funcional, donde se minimiza la resistencia sensible y se maximiza la acomodación y asimilación de la nueva información, facilitando el aprendizaje desde una posición (más) neutral. Dado que la distorsión emocional de la comunicación es menor cuanto mayor inmunidad emocional percibimos, la calidad y apertura comunicativa es elevada.

De hecho, la inmunidad emocional no está relacionada con no responder emocionalmente a los estímulos, sino más bien lo contrario: poner al servicio de la gestión emocional los contenidos emocionales activados, ampliar el despliegue perceptivo consciente de los mismos y articular el reconocimiento interno y externo de la comunicación emocional.

Diversas formas de comunicación emocional han sido tratadas por varios autores desde Freud con su concepto de transferencia y contratransferencia, o Jung alrededor de la idea de inconsciente colectivo o más recientemente como inteligencia social.

Para desarrollar o incrementar, en términos de complejidad, amplitud o velocidad, la inmunidad emocional, debemos pasar primero desde el registro de la evocación emocional a partir de la percepción de la situación actual, establecer posteriormente una relación entre ambas que de como resultado una respuesta comportamental funcional, satisfactoria y saludable. En definitiva, la inmunidad emocional implica que poseemos la capacidad de:

a) Reconocer la necesidad emocional que una interacción interpersonal o intrapersonal, o situación está requiriendo.

b) registrar las emociones percibidas que se han convocado a propósito de esa interacción o situación.

c) procesar la información en relación al tipo de interacción deseada.

d) valorar y ejecutar una respuesta comportamental satisfactoria.

Por lo tanto, la Respiración Consciente y la activación sensorial son fundamentales para gestionar estos procesos.

Trascender la inmunidad emocional personal

Para concluir, diremos que la inmunidad emocional no es sí misma empatía. Por ejemplo, puede haber un grupo de diez personas altamente inmunes emocionalmente en una misma sala que, sin embargo, no han aprendido o desarrollado el poder vincularse emocionalmente con los demás.

Por ello decimos que la inmunidad emocional es condición necesaria pero no suficiente para que las interacciones empáticas puedan ocurrir, sean éstas naturales o intencionales.

Serán más fáciles las interacciones empáticas naturales, ya que solemos generar naturalmente una respuesta emocional empática natural cuando una persona «me cae» bien, evocando emociones agradables. En cambio, para producir una interacción intencional ante aquellos que me resultan «antipáticos», debemos realizar un esfuerzo para poner en juego la inmunidad emocional permitiéndonos una dinámica de relación eficaz y saludable.

Finalmente, para trascender desde lo individual hacia lo familiar y lo comunitario deberíamos promocionar no solamente la inmunidad emocional en los individuos, sino también fomentar espacios de salud emocional colectiva para así solidificar el desarrollo social sostenible y emocionalmente saludable. 

Viola Edward

Co-Fundadora/CEO de GRIT Academy. Multipremiada Asesora Personal y Corporativa, Psicoterapeuta Transcultural, Trainer: Mentoría & Breathwork. Empresaria Social, filantrópica, conectora internacional. Conferencista en inglés y español.

Socia-directora Creative Women Platform, co-creadora: BQ – Inteligencia de la Respiración y el método GRIT. 

Comprometida en la creación de una sociedad sustentable desde 1993, autora de 2 libros: “Respirando el Ritmo del Éxito” 1999 y “Quien Hace la Cama?” 2017 Amazon Best Seller y es coautora de 13 más. Consejo editorial y colaboradora de varias revistas en tres idiomas, Consejo directivo de varias instituciones y es embajadora para los derechos humanos.

Saxa Stefani

Psicólogo con maestría en educación y investigación científica. Autor, educador y conferencista, actualmente viviendo y trabajando en Londres. 

Stefani tuvo el privilegio de trabajar en diferentes áreas de la psicología: psicología clínica, mentoría terapéutica, Recursos Humanos en una empresa multinacional, rehabilitación de adicciones en instituciones psiquiátricas y en educación. 

Fundador de ceideps (2011), una institución especializada en psicología social, “una de las herramientas mas poderosas en psicología para lograr una comprensión profunda y multidimensional y la gestión del comportamiento humano en personas, grupos y organizaciones.” 

https://www.revistalevel.com.co/contenido/fortalecer-la-inmunidad-emocional

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